Sakura Pirenaico: La Primavera en el Principado de Andorra

La primavera ya ha llegado – acompañada de lluvia y nieve – y tímidamente también, por las flores de los cerezos, que rasgan el cielo de la capital y nos proponen un particular sakura en medio de los Pirineos.

Un estallido que salpica también los prados y las verdes montañas del país, llenándolas de las primeras flores grandalla y narcisos.

La grandalla, nombre popular con el que se conocen los narcisos de los poetas de Andorra, era muy apreciada en tiempos antiguos ya que estaba muy vinculada al mundo de la poesía y la mitología griega –Narcissus Poeticus-, y es uno de los rasgos distintivos de la rica flora autóctona, que cuenta con más de 1.530 especies. 

La grandalla vive en bosques de distintas especies de árboles, como el pino rojo y el negro, el roble pubescente, y las encinas.

Pero dejemos por un momento los valles de la montaña y pongamos la mirada en el fondo del valle. Allí, donde los cerezos nos recuerdan que la primavera ya ha llegado.

Sakura es el nombre con el que se conocen en Japón los cerezos ornamentales, y de rebote, la misma flor.

Desde hace muchos años, la sociedad nipona, pionera en el arte de gozar de las pequeñas maravillas cotidianas, han hecho del efímero estallido de las flores de los cerezos, un evento social conocido como el Hanami, que actualmente es – además – un atractivo turístico de primer nivel.

En Andorra, los árboles que envuelven el Parque Central – pulmón verde de la capital – sienten la llegada del buen tiempo, mucho antes que nosotros seamos conscientes, y el rosa de las flores de los cerezos inunda el paseo del río Valira a su paso por la capital.

Un paseo lleno de belleza, condensado en pocos metros. La poesía tiene suficiente con un par de versos para quién sabe captar la esencia.

Unas flores que se pueden contemplar en las ventanas de algunos inmuebles, a disposición de los clientes más exclusivos de Andorra Sotheby’s International Realty, especialmente pensados para aquellos que aprecian la belleza efímera de la flor de los cerezos, y que no quieren renunciar al pragmatismo de disfrutar de una de las avenidas más céntricas y tranquilas de Andorra La Vella.

El resto del año, la visita al Parque Central es toda una experiencia para los conocedores de las diversas especies que ahí conviven, y que llenan de belleza las cuatro estaciones del año: robles americanos, chopos, alisos, sauces autóctonos y cipreses, entre otros.

Árboles y flores de los valles de Andorra, que invitan a pasear y a tomar conciencia del presente, el auténtico lujo de dejar pasar el tiempo.