Mantel de hilo, tintineo mortecino de copas sobre la mesa, vinos que se decantan con la ceremonia que pide el momento. De fondo, conversaciones y alguna risa nos permiten disfrutar del momento en un marco tranquilo y acogedor. Atrás en el tiempo han quedado aquellos cenas frugales de la economía de subsistencia de un país que supo hacer de la necesidad virtud, y que ha hecho de los productos de la matanza y de las verduras de montaña todo un arte. Las bordas, edificaciones tradicionales hechas de piedra y madera, han pasado de secar tabaco o guardar el rebaño las ...
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